martes, 9 de julio de 2013

De pronto

De pronto

De pronto por las noches no puedo dormir, se sueltan las ideas de quimeras y  las obsesiones arrogantes y egolatras asfixian la razón en el cenit de la luna, hoy llueve, hace un fresco húmedo y yo me encuentro encerrado conmigo en un cuarto de paredes blancas y pensamientos negros.

De pronto esas viejas heridas del ayer se abren, esos nombres impronunciables  se pudren en las vísceras y salen a flote, como el aceite en un cubo de agua, cada letra, cada recuerdo duelen , pero más que dolor,  expelen su hedor de pasado, de tiempo que ya no es y vida que parece eterna y es un breve instante.

De pronto las ciudades me quedan chicas, las nubes me parecen el aliento de Dios que diseminan la saliva  que sus palabras escriben en la tierra, montaña, amor, día, noche, de pronto no hay tiempo, solo el presente, un presente cargado  de aguas vivas y de cielos grises, de rayos que extremecen mi tranquilidad y me rompen en mil pedazos.

De pronto ya no me hacen palabras, solo caricias, me siento SOLO y conmigo que  divierto y en ausencia de mi sufro, como si algo de la persona que soy hubiera desaparecido, se hubiera roto,  como un espejo humeante, como lámina retorcida por los calores internos de un incendio de proporciones épicas.

De pronto me contemplo  inquieto, niño, esperando el alba, las promesas de un nuevo día, los rayos de sol,  la magia de la existencia, valorada por tardía y por traidora, por sobrevenida y atroz, por ser cumulo de alegrías y sin sabores, por ser en ves de tener, por estar en ves de diluirme entre tantos, entre tontos, entre muchos, tan distintos, tan iguales, tan comunes, tan felices en su ordinariez y tan patéticos en su inconsiencia.

De pronto me provoca todo termine, que se cierre en cuento con la promesa de un beso de amor, con la amenaza de  picarse con la rueca del destino que ya preparo sus trampas mordaces e infinitas, con la esperanza de un despertar con labios rojos y las mejillas carmesí,  con todo y sin nadie, en un bosque encantado donde ser el príncipe  azulado, de entonar a canción perpetua, la nota precisa, la historia sin fin.

De pronto estas noches pletóricas de luz y de ausencias de oscuridad y extrañeza, de pasiones vertidas en la copa del destino y de coloquios de grillos en mi patio, de mariposas blancas en cielos que se tiñen magentas por las luces de la ciudad y en recuerdos de fiestas y  bebidas  espirituosas hoy vertidas en el caño del olvido, del hasta nunca, de fue y ya no será

De pronto estoy aquí, sentado, mudo, sin poder dormir, sin encontrar palabras pero con sobrados significantes, sin saber que siento, pero se que viene de un desasosiego, de una trampa bajo la luz mortesina de una vela y el reflejo cianotico de unos labios perecidos, intentando postergar la espera hasta encontrar sueño, hasta coquetear con Morfeo y arrojarme en sus brazos

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