jueves, 21 de noviembre de 2013

Después del ocaso.

Después del ocaso

Y entonces se vino la noche como un manto frío y perdí de vista el horizonte los píes se me congelaron y los coloque al norte, viendo la estrella polar, inaugurando un camino a los cielos y al infinito, perdido en la dimensión inmensa de las galaxias, del polvo de universo, de las magras atmósferas.

Viajo de la estética a la ética, de lo profundo a lo invisible, de la trementina a la arrogante tersura del terciopelo, de la mujer desnuda empotrada, del hombre invisible con sus gónadas inflamadas, ese soy yo, complejo, difuminado entre la paleta de colores de los cielos de invierno, de los amaneceres y crepúsculos neón, de unos verdes perdidos entre las selvas del trópico en las montañas blancas rodeadas de pinos eternos.

Después del ocaso no existo, soy recuerdo, sombra, silencio, conciencia que se pierden el espacio, en la tortura de los tiempos, en el castigo de las ansias, en las esperanzas soterradas del llanto de las madres de luto, vestidas de amargura por sus hijos rotos de la pena y el llanto.

Navego por entre los aires, por entre los vientos, surco la tramontana y me envuelvo en los alicios como abrigo cálido rumbo al poniente siempre rumbo al poniente, dónde los barcos desaparecen y las tierras terminan como la finesterra, como San Blas.

Mi cantó es incomprendido, mi susurro es a Dios, a lo eterno, que los hombres se ocupan de su vidas y de sus perfidias, de sus soluciones y sus poluciones, tristes, abatidos, hilvanando el destino del cáos y la destrucción con disfraz de progreso y modernidad

Quiero una vida suave, una partida en paz, una malicia azucarada por las bendiciones del destino, un fortuito desenlace extreme y rojo, de intensas proporciones y súbito golpe, quiero mil días y mil noches, setenta años y cuatro días, playas con arena negra y montañas ocres al final del día

lunes, 2 de septiembre de 2013

Noches


Noches

Siempre las noches me resultan un refugio,
 aunque me sobrecoge el miedo del futuro,
 en el silencio y el murmullo,
 bebo dosis de subterfulgio,
 es cosa que a veces mal auguro,
 cuando entre las sombras arrullo.

Besos que tatuan las noches,
miradas que se pierden entre nubes rojas,
 ausencias combativas,
 poses de mujeres altivas,
 candidas doncellas exentas de mofas,
ojos verdes que pasean por los coches.

Soliloquios tristes y vehementes,
martillos de sonoro estruendo,
 días y noches que no entiendo
que desatan sus voces como un torrente

Se pierden los gritos en las negruras,
se ahogan los lamentos en el desierto,
poseen los amantes ataduras.,
notas mudas de un lobrego concierto.

La muerte pequeña que acampa en las carnes
los dientes filosos que laceran antes
las masas asustadas en hordas
las carnes magras se contraponen a las gordas

Soles que nuca acaban de amanecer
cielos que nunca terminan de teñirse de azul
farsas que nunca finalizan de escribirse
muertes que nunca logran llegar a tiempo.

martes, 9 de julio de 2013

De pronto

De pronto

De pronto por las noches no puedo dormir, se sueltan las ideas de quimeras y  las obsesiones arrogantes y egolatras asfixian la razón en el cenit de la luna, hoy llueve, hace un fresco húmedo y yo me encuentro encerrado conmigo en un cuarto de paredes blancas y pensamientos negros.

De pronto esas viejas heridas del ayer se abren, esos nombres impronunciables  se pudren en las vísceras y salen a flote, como el aceite en un cubo de agua, cada letra, cada recuerdo duelen , pero más que dolor,  expelen su hedor de pasado, de tiempo que ya no es y vida que parece eterna y es un breve instante.

De pronto las ciudades me quedan chicas, las nubes me parecen el aliento de Dios que diseminan la saliva  que sus palabras escriben en la tierra, montaña, amor, día, noche, de pronto no hay tiempo, solo el presente, un presente cargado  de aguas vivas y de cielos grises, de rayos que extremecen mi tranquilidad y me rompen en mil pedazos.

De pronto ya no me hacen palabras, solo caricias, me siento SOLO y conmigo que  divierto y en ausencia de mi sufro, como si algo de la persona que soy hubiera desaparecido, se hubiera roto,  como un espejo humeante, como lámina retorcida por los calores internos de un incendio de proporciones épicas.

De pronto me contemplo  inquieto, niño, esperando el alba, las promesas de un nuevo día, los rayos de sol,  la magia de la existencia, valorada por tardía y por traidora, por sobrevenida y atroz, por ser cumulo de alegrías y sin sabores, por ser en ves de tener, por estar en ves de diluirme entre tantos, entre tontos, entre muchos, tan distintos, tan iguales, tan comunes, tan felices en su ordinariez y tan patéticos en su inconsiencia.

De pronto me provoca todo termine, que se cierre en cuento con la promesa de un beso de amor, con la amenaza de  picarse con la rueca del destino que ya preparo sus trampas mordaces e infinitas, con la esperanza de un despertar con labios rojos y las mejillas carmesí,  con todo y sin nadie, en un bosque encantado donde ser el príncipe  azulado, de entonar a canción perpetua, la nota precisa, la historia sin fin.

De pronto estas noches pletóricas de luz y de ausencias de oscuridad y extrañeza, de pasiones vertidas en la copa del destino y de coloquios de grillos en mi patio, de mariposas blancas en cielos que se tiñen magentas por las luces de la ciudad y en recuerdos de fiestas y  bebidas  espirituosas hoy vertidas en el caño del olvido, del hasta nunca, de fue y ya no será

De pronto estoy aquí, sentado, mudo, sin poder dormir, sin encontrar palabras pero con sobrados significantes, sin saber que siento, pero se que viene de un desasosiego, de una trampa bajo la luz mortesina de una vela y el reflejo cianotico de unos labios perecidos, intentando postergar la espera hasta encontrar sueño, hasta coquetear con Morfeo y arrojarme en sus brazos

viernes, 26 de abril de 2013

Los ojos de mi padre

Los ojos  de mi padre.

Son las mares profundos donde se reflejan las aguas más cristalinas como el cielo más claro de una mañana de primavera.