lunes 10 de mayo de 2010

Las caricias atoradas

Tengo un buen de caricias atoradas, son esquivas saetas que cruzan mis cielos limpios, buscan los diafanos bosques en tus ojos negros, extraño unas manos que molden mi cuerpo y lo estrujen con fuerza, vibrar al unisono como en la aturdidora sentella de tu voz.

Pienso en recorrer con mi lengua la espalda del universo, acariciar las estrellas y las constelaciones, las nebulosas y el hoyo negro, tatuar el denso humo con tintes de nostalgìa y anilina rosa y creer que hay màs despuès de los limìtes impuestos por mi comprenciòn.

Deseo con toda religiosidad deslizarme como una serpiente entre tus manos, reptar en tus sueños de manera sigilosa y sientas mi piel fria como el marmol tocando tus pies bajo sabanas de àlgodon egipcio, la retractil lengua que se dispara unos segundos para probar tus sabores y verte a los ojos con la mirada màs lasciva hasta que revienten tus calientes entrañas sobre mi pecho.

Inauditas son las horas lentas y cargadas de sopor y de cansancio y acaricio tu cabello como mi bien màs preciado, como mi vellosino de oro colgado del ramas de mis recuerdos de fin de semana, partidas las tardes y rotas las mañanas me refugio en las noches largas y oscuras, misteriosas, pendencieras, hechas de lìcor y tabaco.

Mi boca toca de a poco tus costados y te retuerces como larva asustada mientras mi lengua recorre los resquicios de las costillas y luego se gira en tu pezòn levantado, se gira en òrbitas como si fuese el sol y ella un planeta, mis labios se unen a ese pequeño cuerpo solar y lo lenguetean ligeramente, lo mordisquean con cuìdado y tenacidad, atrapan su luz, su calor y un jadeo enciende mis oidos de pasiòn.

Y solo te quiero a tì, a tus manos, a tus pìes, a tu torso y a tu rostro, a la naturaleza compleja e inquietante de tu mente, a la premisa dispersa y la promesa de lo que tus ojos me gritan, livo tu oreja, amaso tu cuello y me disuelvo como la àzucar en agua al tocar tu nuca.

Tengo caricias atoradas, palabras no dichas te quieros oxidados, te amos prohìbidos, cadenas pesadas e incursiones frecuentes a sìtios profanos, queriendo olvidar tu nombre, viajo miles de kilometros a parajes frìos o càlidos, vivo los dìas con los veraneantes, y pasan las noches y los dìas y los soles y las lunas, lo ùnico que permanece fiel es un recuerdo, es un corazòn àzul de cristal, congelado, frìo, inherte.

1 comentarios:

Trieste dijo...

Dudo mucho que alguien quede con la piel fría, menos tú, ante semejante relato. Despiertas la pasión y la conduces al éxtasis a medida que descienden tus reglones a un añorado final por la memoria perdida. Volverá, estoy seguro. Regresará a tu lecho, al calor de de esas fogosas noches para refugiarse en los brazos del amor, jaja.

Oye, muchas gracias por la visita! Se agradecen las palabras, de verdad! Intentaré actualizar con mas frecuencia, aunque tengo el motor de la inspiración un poco oxidado después de tanto tiempo ausente... ;)