jueves, 8 de octubre de 2009

Ni odio ni amor

Ni Amor Ni Odio

Cuando en esas noches de luna llena miro el cielo y solo siento un viento fresco cotejo los años, los meses, los días, las horas y sus segundos que perdido y ciego me encontraba.

Que daño tan profundo te hice con idolatrarte que te distorcione, que acabe con las pocas cosas buenas que tenías, que terrible el destino que hoy me muestra en fortuitos y revueltos hechos la naturaleza de tu alma.

Ni amor ni odio solo un frio desprecio al recordarte, una emoción algo pendenciera, una vehemente sed de venganza que se sacia con creces al observar de lejos la podredumbre en que te has convertido.

Las misteriosas héridas que casí me matan han dejado de supurar la sangre y la pus de tus besos y caricias, que antes quemaban mi piel que labraban surcos de deseo que solo a veces eran saciados a cabalidad por la imperiosa necesidad del tiempo y tu ignominiosa concepción de la realidad.

Tus dulces palabras contrastan, con tus ruines acciones, con las tormentosas imputaciones, falsas, manipuladoras, lascivas e inclementes distorcines de la realidad que me achacabas y machacabas en el rostro.

El desprecio nace de las entreñas como alguna vez nació el amor, es una repulsión que casí raya el más siniestro asco, un sentimiento de contemplación en la compasión que solo salva los gratos recuerdos.

Insolente como eres, trepidante y mequetrefe pasas las horas de día seduciendo nuevas víctimas y atizandoles de a poco una lenta muerte, que decir del brillo de esta noche con luna llena, que me hace recordarte como una mala consecuencia de mi vileza, de mis ancianas ganas de necesitarte, de colocarte y convertirte en un motor y motivo de mis pasadas y pesadas acciones.

Ahora liberado de tus besos y con cesos, revivo la vida marchita, de los campos devastados por las huestes de tus mentiras y displaceres.

Ni amor ni odio solo un frio desprecio al recordarte